250 VELITAS PARA EL TÍO SAM

órbita internacional

El reporte sobre el mundo que estabas necesitando, gratis.
+ 2.100 suscriptores ya nos leen.

250 VELITAS PARA EL TÍO SAM

Estados Unidos celebra su cumpleaños número 250, atravesado por una critica polarización política, expediciones militares en el extranjero, y una gran fiesta del deporte en su propio suelo.
  • Estados Unidos llega a los 250 años más dividido que unido. El aniversario de la independencia encuentra al país atravesado por una fuerte polarización política y una creciente desconfianza sobre su rumbo. Lo que debería ser una celebración nacional se convirtió también en una disputa por el significado de la identidad estadounidense. 
  • Tres debates fundacionales vuelven al centro. Las tensiones entre aislacionismo e intervencionismo, libre comercio y proteccionismo, y liberalismo y conservadurismo vuelven a definir la política estadounidense. Son discusiones que nacieron con los Padres Fundadores y hoy reaparecen bajo nuevas formas. 
  • El experimento americano enfrenta un nuevo desafío. Más allá de la coyuntura política, Estados Unidos entra en una etapa donde deberá competir con el modelo chino, adaptarse al impacto de la inteligencia artificial y responder a una creciente concentración del poder económico y tecnológico. El desafío ya no es solo liderar el mundo, sino demostrar que su modelo sigue siendo el más atractivo.

¿Qué pasó? 

Hace 250 años, un grupo de colonos ilustrados rompió con el imperio más poderoso del planeta para ensayar algo casi inédito: un gobierno sin rey, fundado en la idea de que el poder viene del consentimiento de los gobernados. La Declaración de Independencia fue una apuesta filosófica, la de que un pueblo podía gobernarse a sí mismo sin caer en el caos o la tiranía. Ese experimento sobrevivió una guerra civil, dos guerras mundiales y la Guerra Fría, y se convirtió en el modelo que inspiró revoluciones y constituciones en todo el planeta, incluida buena parte de América Latina.

Este sábadoEstados Unidos cumple ese aniversario en medio de una paradoja. El festejo debería ser un acto de unidad nacional, pero llega en uno de los momentos de mayor polarización política del país. La celebración central en el National Mall coincidió con un mitin de Donald Trump y con la emisión de pasaportes conmemorativos con su imagen, gestos que para algunos sectores refuerzan el orgullo nacional y para otros mezclan lo institucional con lo partidario. Esa misma división atraviesa a la sociedad, el 66% de los estadounidenses está insatisfecho con el rumbo del país, y apenas un 38% cree que lo mejor está por venir.

El aniversario llega con Washington involucrado en media docena de frentes internacionales, un frágil alto el fuego con Irán, la guerra en Ucrania, presión sobre Venezuela, acercamiento cauteloso con Cuba, compromisos de seguridad en Medio Oriente y hasta tensiones comerciales con Canadá. A esto se suma un calendario cargado, las elecciones legislativas de medio término en noviembre definirán si Trump conserva el Congreso, mientras el país es sede, junto con México y Canadá, del evento cultural más grande del mundo, el Mundial de fútbol.

Las batallas ideológicas que fundaron el imperio del norte

Washington contra RooseveltWashington advertía en 1796 evitar «alianzas enredosas» con potencias extranjerasRoosevelt, un siglo después, con su «Corolario» a la Doctrina Monroe y el garrote como símbolo, inauguró la era del intervencionismo activo en el hemisferio. El patrón de las intervenciones militares estadounidenses, más de 500 en dos siglos y medio, mutó en sus objetivos: de la construcción de instituciones al cambio de régimen. Tras una «era del intervencionismo humanitario» (Somalia, Haití, Bosnia, Kosovo, y después Afganistán e Irak, donde EE.UU. terminó asumiendo la gobernanza de los territorios e intentando instalar democracias, con resultados dispares), desde 2001 sostener regímenes aliados se volvió prioritario. Pero 2026 ya deja dos casos de intervención explícitamente orientada a derrocar gobiernos: la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero y el inicio del conflicto con Irán en febrero. Cuba parece ser el próximo en la lista.

Franklin contra Hamilton. Benjamin Franklin negoció en 1778 el Tratado de Amistad y Comercio con Francia bajo el principio del libre intercambio entre naciones aliadas; Hamilton, en cambio, defendía en su Report on Manufactures de 1791 aranceles y subsidios para proteger la industria naciente frente a Gran Bretaña. Entre los años 60 y los 80, Washington multiplicó los tratados comerciales multilaterales bajo el paraguas del GATT y después la OMC; hoy esa arquitectura está prácticamente paralizada —su Órgano de Apelación lleva años sin poder resolver disputas por falta de jueces— y el foco pasó a los acuerdos bilaterales caso por caso. El pacto comercial firmado con Argentina en 2025, negociado por fuera de cualquier marco multilateral y atado a condiciones políticas específicas, es un ejemplo de este giro.

Jefferson contra Adams. Jefferson instaló en 1776, con la promesa de «vida, libertad y búsqueda de la felicidad», el liberalismo ilustrado como credo fundacionalAdams, en cambio, desconfiaba de los excesos revolucionarios y defendía un orden más cauto, con instituciones fuertes que contuvieran las pasiones populares. Esa tensión fundacional se profundizó hasta volverse una grieta cada vez más difícil de tender: en inmigración, aborto, control de armas y hasta en la definición de quién puede votar, demócratas y republicanos ya no comparten un piso mínimo de acuerdo. Encuestas de Pew muestran que la distancia ideológica promedio entre ambos partidos se duplicó desde los años 90, y temas que antes admitían matices hoy se resuelven por completo según qué partido gobierne cada estado.

¿Cómo impacta? 

En Estados Unidos, Las elecciones legislativas de medio término (midterms) del 3 de noviembre son el próximo gran test. La aprobación de Trump cayó a mínimos de su segundo mandato (38-39% en mayo/junio de 2026), con apenas 34% entre independientes, un nivel que en 2018 anticipó una pérdida demócrata de 41 bancas. Eldesgaste responde sobre todo a la economía: solo 30% aprueba su manejo de la inflación y menos de 25% el costo de vida, agravado por la guerra con Irán, cuyo manejo aprueba apenas 41%. Es un malestar que no es coyuntural: se inscribe en una caída sostenida desde el pico de satisfacción con el rol global del país (71% en 2002) hasta niveles mucho más bajos hoy, según el mismo seguimiento de Gallup desde los años 60.

A nivel global, Lo que está en juego excede lo simbólico. Con China, la guerra comercial se profundiza mientras Beijing se presenta como una alternativa más estable y previsible al proteccionismo estadounidense. Con Europa, la alianza transatlántica atraviesa su momento más tenso en décadas: Washington negocia un plan de paz para Ucrania que Kiev y varios países europeos consideran favorable al Kremlin, redujo su compromiso explícito con la disuasión nuclear extendida y ya anunció que transferirá comandos de la OTAN en Norfolk y Nápoles a manos europeas. Con Rusia, el último tratado de control nuclear que quedaba en pie entre ambos países expiró el 5 de febrero de 2026, cerrando décadas de cooperación en la materia, incluso mientras avanzan las negociaciones de paz. La capacidad de Estados Unidos para sostener sus propias instituciones y alianzas va a incidir directamente en la cohesión de Occidente y en si las democracias liberales logran sostener el pulso frente a sistemas autoritarios cada vez más asertivos.

En LATAM y Argentina, El mapa regional giró hacia gobiernos alineados con Washington. En 2025 y 2026 asumieron Rodrigo Paz en Bolivia, José Antonio Kast en Chile y Keiko Fujimori en Perú, y en junio de 2026 el candidato de derecha Abelardo de la Espriella—admirador declarado de Milei, Bukele y Trump— se impuso en el balotaje colombiano. La relación con Lula, en cambio, sigue tensa: Washington presionó al gobierno brasileño durante el juicio a Bolsonaro, y Lula busca un cuarto mandato en octubre frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente condenado a más de 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado. En Venezuela, la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 marcó el caso más extremo de este giro: una intervención militar directa para derrocar a un gobierno hostil a EE.UU. En ese contexto, Javier Milei se convirtió en el primer presidente argentino en asistir a una celebración del 4 de julio en la embajada estadounidense en Buenos Aires, donde el embajador Peter Lamelas llamó a «invertir en la Argentina» y «profundizar ahora» la alianza bilateral — un capítulo más de un vínculo que incluyó visitas de Milei a EE.UU. en promedio una vez cada mes y medio desde 2023, el acuerdo comercial de febrero y el reciente ingreso argentino a la alianza Pax Silica sobre minerales críticos.

¿Cómo sigue?

Washington DC concentra el evento insignia del 250º: el «Salute to America» en el National Mall combina desde la mañana el desfile nacional de Independencia (10:30 hs), demostraciones militares, sobrevuelos y actuaciones musicales, hasta un cierre nocturno con la que organizadores describen como la mayor exhibición de fuegos artificiales de la historia — unos 850.000 disparos lanzados desde diez puntos, entre ellos el espejo de agua del Lincoln Memorial y ocho barcazas sobre el Potomac, con Trump anunciando que el show será «10 veces más grande» que cualquier anterior en el país. 

Nuestra mirada en ÓRBITA:

Lo que se firmó hace 250 años no fue solo la independencia de trece colonias, sino una apuesta filosófica: que un pueblo puede gobernarse a sí mismo sin necesitar un rey que le diga cómoEsa apuesta resultó contagiosa. Cruzó el Atlántico y le dio vocabulario a la Revolución Francesa, y después bajó hacia el sur para inspirar a los criollos que en 1810 empezaron a romper con España, desde el Río de la Plata hasta México. La noción de que la soberanía nace del pueblo y no de una corona se volvió, a partir de ese momento, el lenguaje común de casi todas las revoluciones que vinieron después. Ese es el experimento que llega hoy a su cuarto de milenio, y lo que está en discusión no es si sobrevivió, sino en qué condiciones lo hizo.

La respuesta que surge de la conversación pública estadounidense en este aniversario es la de un país que no logra ponerse de acuerdo ni siquiera sobre qué está celebrando. La organización oficial y bipartidista pensada por el Congreso convive, incómoda, con un festejo paralelo impulsado desde la Casa Blanca, y esa duplicación —dos calendarios, dos estéticas, dos relatos— funciona como espejo de una sociedad partida en dos. Para un sector, ser estadounidense en 2026 significa reivindicar sin matices la gesta fundacional, los Padres Fundadores y el destino excepcional del país. Para otro, la fecha exige revisar con ojo crítico quiénes quedaron fuera de esa promesa original y qué grupos siguen esperando que se cumpla. No es una diferencia de matices: es una disputa sobre el significado mismo de la identidad nacional, en la que cada bando desconfía de que el otro tenga derecho a definir qué es América. Ese desacuerdo de fondo, más que cualquier cifra económica, es el síntoma más claro de una democracia que llega a los 250 años discutiéndose a sí misma en voz alta.

Mirando hacia adelante, el desafío para el Estado —cualquier Estado, no solo el estadounidense— es de una naturaleza distinta a la que enfrentaron los fundadores. La inteligencia artificial promete redefinir la productividad y el empleo a una velocidad que ninguna institución del siglo XVIII imaginó, y ya hoy un puñado de empresas tecnológicas concentra una capacidad de cómputo y de datos comparable al poder que antes solo tenían los Estados. La concentración de capital, lejos de revertirse, se acelera: si el patrón de las últimas décadas continúa, la brecha entre quienes son dueños del capital productivo y quienes dependen de un salario seguirá ampliándose, con un riesgo concreto de erosionar la legitimidad democrática que Jefferson y sus contemporáneos dieron por sentada. En ese escenario, China ofrece un modelo alternativo que compite no solo económica sino ideológicamente con el estadounidense: un Estado fuerte y centralizado que dirige la inversión, controla la tecnología estratégica y promete estabilidad y crecimiento sin las libertades individuales como eje. Para buena parte del mundo, la pregunta de los próximos 250 años ya no es solo cómo perfeccionar la democracia liberal, sino si ese modelo sigue siendo el más atractivo frente a una alternativa autoritaria que exhibe resultados concretos.

Posts relacionados

LA VÁLVULA DEL MUNDO
Por Ormuz pasa cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado del planeta. Su interrupción tensiona mercados energéticos, cadenas logísticas y precios
Previous
Next

Apoyá a Órbita

Órbita depende de vos.
Ayudanos a sostenerlo.

Nuestra fuente de ingresos más importante es el aporte de nuestra audiencia. Eso nos permite hacer periodismo sin condicionamientos.

Donación mensual

La mejor forma de ayudar

Desde $1.000 por mes Cancelás cuando quieras
o con un aporte único
Elegir otro monto