PREVIA ELECTORAL CALIENTE EN BRASIL

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PREVIA ELECTORAL CALIENTE EN BRASIL

Con los bloques polarizados y una pelea voto a voto tras la primera vuelta, Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se preparan para el choque definitivo que redefinirá el mapa geopolítico de la región.
  • Se acercan las presidenciales de Brasil. La elección definirá si el país mantiene la estrategia de autonomía internacional de Lula o gira hacia un alineamiento más explícito con Estados Unidos y la nueva derecha.
  • El bolsonarismo enfrenta su primera prueba sin Jair. Por primera vez Bolsonaro no estará en la boleta. Flávio deberá demostrar si el movimiento puede transformarse en una mayoría electoral sin el liderazgo directo de su padre
  • La campaña ya cruzó las fronteras de Brasil. Los apoyos de Milei, Trump y otros dirigentes extranjeros convirtieron la elección en un capítulo más de la disputa política e ideológica que atraviesa América Latina.

¿Qué pasó?

Javier Milei participó del acto de lanzamiento de Flávio Bolsonaro como candidato a presidente de Brasil, la figura que buscará disputarle la reelección a Luiz Inácio Lula da Silva en octubre. En ese escenario, el presidente argentino no se limitó a un respaldo protocolar: habló de un «riesgo Lula» para la región y, sin mencionarlos por nombre, calificó a Lula de «ladrón» y «presidiario», y al juez de la Corte Suprema brasileña, Alexandre de Moraes, de «basura calva». También acusó al gobierno brasileño de haber participado de una operación en contra de la Argentina durante el Mundial.

La reacción de Brasilia fue inmediata. Llamó a consulta a su embajador en Buenos Aires y difundió un comunicado de protesta. 

El timing no es menor: el bolsonarismo compite por primera vez sin Jair Bolsonaro en la boleta —inhabilitado y bajo arresto domiciliario—, con la sucesión recayendo en Flávio antes que en sus otros hijos Michelle o Tarcísio (reservado para San Pablo).

La figura de Jair, sin embargo, continúa dominando la campaña. Durante el acto se proyectó un avatar generado con inteligencia artificial en el que el expresidente respaldaba a su hijo. Partidos de izquierda denunciaron el video ante la Justicia por considerar que podría vulnerar tanto las reglas electorales sobre contenido sintético como las restricciones impuestas a Bolsonaro durante su arresto domiciliario. El caso convirtió a la inteligencia artificial en uno de los primeros conflictos jurídicos de la campaña.

Del otro lado, Lula buscará a los 80 años un cuarto mandato no consecutivo y repetirá la fórmula con Geraldo Alckmin. Los números muestran que la ventaja del oficialismo es reciente y todavía reversible. En abril y mayo, Lula y Flávio aparecían técnicamente empatados en varias mediciones. En julio, sin embargo, la distancia comenzó a ampliarse: Quaest ubicó a Lula ocho puntos por encima en un eventual balotaje, 45% contra 37%; Datafolha registró 48% frente a 43%; y AtlasIntel/Bloomberg, 49,2% frente a 42,9%. Más que una elección definida, los sondeos muestran un cambio de tendencia favorable al presidente.

¿Por qué importa? 

La discusión por la injerencia externa. La intervención de Milei no es un episodio completamente aislado ni la primera injerencia cruzada entre ambos países. Lula respaldó públicamente a Sergio Massa durante las elecciones argentinas de 2023, provocando entonces el rechazo del mileísmo. A eso se suma un frente mucho más material: los aranceles impuestos por Donald Trump contra productos brasileños. El 42% de los encuestados dijo que la medida lo acercaba electoralmente a Lula, frente al 27% que se inclinaba por Flávio.

La justicia como un actor de campaña, no un árbitro neutral. El Poder Judicial dejó de ser un telón de fondo para convertirse en uno de los principales temas de campaña. Alexandre de Moraes y el Supremo Tribunal Federal deben resolver causas que afectan directamente a Jair y Flávio Bolsonaro mientras son cuestionados por la oposición brasileña y atacados por dirigentes extranjeros. El conflicto por el avatar de Jair resume esa tensión: la Justicia debe determinar si la inteligencia artificial fue utilizada para eludir una restricción judicial, realizar propaganda anticipada o influir indebidamente sobre los votantes. 

La economía no está resolviendo la elección a favor del oficialismo. Lula llega con una economía que presenta señales favorables: el desempleo se mantiene cerca de mínimos históricos, la inflación interanual descendió al 4,52% y la actividad continúa creciendo. Pero Brasil también enfrenta tasas de interés elevadas, preocupación fiscal y una percepción económica que no siempre acompaña la mejora de los indicadores agregados. La elección se juega en esa brecha. Los votantes pueden reconocer que existen más empleos o mayores ingresos y, al mismo tiempo, seguir responsabilizando al gobierno por los precios, el costo del crédito o la inseguridad económica. La macroeconomía ayuda a Lula, pero no alcanza por sí sola para asegurarle la victoria.

¿Cómo impacta? 

En Brasil, la elección enfrentará dos estrategias diferentes. Lula intentará convertir la presión internacional en una discusión sobre soberanía. Los aranceles estadounidenses, el respaldo extranjero a Flávio y las tensiones con Washington le permiten presentar al oficialismo como defensor de la autonomía brasileña frente a una oposición alineada con intereses externos. Flávio buscará consolidarse como heredero del bolsonarismo sin quedar reducido a la figura de su padre. Los respaldos internacionales lo fortalecen frente a su base, pero también pueden dificultar su llegada a los votantes moderados si instala la percepción de que su proyecto está demasiado condicionado por Trump.

A nivel global, Brasil no elige solamente un presidente. También define cómo se posicionará una de las mayores economías emergentes frente a la competencia entre Estados Unidos y China, la negociación con la Unión Europea, el futuro de los BRICS y las disputas por tecnología, minerales críticos, energía y alimentos. Lula representa una política de autonomía estratégica, multilateralismo y diversificación de socios. Flávio propone un alineamiento más explícito con Estados Unidos, Israel y la nueva derecha.

Para América Latina, una victoria de Lula mantendría a Brasil como el principal contrapeso regional frente al avance de los gobiernos de derecha y conservaría un polo de centroizquierda con capacidad de interlocución con China, Europa y el Sur Global. Un triunfo de Flávio, en cambio, consolidaría un eje conservador articulado alrededor de Trump, Milei y otros dirigentes de derecha de la región. El resultado tendrá consecuencias sobre el Mercosur y sobre la posibilidad de construir posiciones regionales comunes. Con Lula, probablemente continúe una agenda más multilateral y autónoma. Con Flávio, Brasil podría impulsar una política más ideológica y alineada con Washington.

Para Argentina, la intervención de Milei transforma una elección extranjera en un riesgo directo para la política exterior argentina. Brasil continúa siendo el principal destino de las exportaciones argentinas y el intercambio bilateral alcanzó los US$31.200 millones en 2025, el nivel más alto en trece años. La integración automotriz, energética e industrial hace improbable una ruptura económica, pero no elimina los costos de una relación política paralizada. Si Lula es reelegido, Milei deberá reconstruir el vínculo con un presidente al que atacó personalmente y contra el que hizo campaña. Si gana Flávio, la relación bilateral podría atravesar un período de fuerte afinidad, aunque todavía más dependiente de los vínculos personales y de la coincidencia ideológica.

¿Cómo sigue?

Brasil celebrará la primera vuelta el 4 de octubre. Si ningún candidato supera la mitad de los votos válidos, el balotaje se realizará el 25 de octubre.

Nuestra mirada en ÓRBITA:

Estas elecciones no tienen que leerse como un replay de las elecciones del 2022. Lula ya no puede presentarse únicamente como el dirigente que regresó para impedir la continuidad de Jair Bolsonaro. Ahora debe defender su propio gobierno, explicar por qué la mejora de algunos indicadores todavía no se siente plenamente y convencer a los votantes de que, a los 80 años, sigue representando una alternativa de futuro. Flávio tampoco puede limitarse a reproducir la campaña de su padre. Heredó el apellido, la base y los adversarios de Jair, pero todavía no demostró que haya heredado su liderazgo. La elección enfrenta así dos problemas diferentes. Lula debe convertir estabilidad en entusiasmo. Flávio debe convertir la herencia en mayoría.

La presión externa introduce una paradoja adicional. Los aranceles de Trump y los respaldos de Milei o Netanyahu fortalecen a Flávio dentro de su espacio, pero también le ofrecen a Lula la posibilidad de transformar una elección económica y desgastante en una discusión sobre soberanía. Milei funciona, en ese sentido, como un actor secundario de una disputa brasileña. Su intervención importa menos por los votos que pueda aportar que por la narrativa que ayuda a construir: la imagen de una derecha regional coordinada desde afuera y alineada con Washington.

La elección dependerá finalmente de quién consiga salir de su zona de comodidad. Lula deberá ganar más allá del rechazo a Bolsonaro. Flávio deberá crecer más allá de la fidelidad a su padre. La verdadera pregunta de octubre no será si el bolsonarismo sobrevivió. Será si puede gobernar sin Jair Bolsonaro y si Lula todavía conserva la capacidad de reunir a todos los sectores que quieren impedirlo.

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