Desde la llegada de Viktor Orbán al poder, Hungría muestra una caída sostenida en libertades políticas y civiles, pasando de niveles cercanos a democracias consolidadas a ubicarse por debajo del promedio global. El gráfico refleja un proceso gradual pero consistente: la erosión institucional ya no es un quiebre abrupto, sino una deriva prolongada que redefine los estándares democráticos dentro de Europa.








