LA REPÚBLICA TECNOLÓGICA DE KARP Y THIEL

órbita internacional

El reporte sobre el mundo que estabas necesitando, gratis.
+ 2.100 suscriptores ya nos leen.

LA REPÚBLICA TECNOLÓGICA DE KARP Y THIEL

La utopía tecnocrática que envuelve a los magnates.
  • Palantir blanquea una doctrina. El manifiesto no presenta solo una visión empresarial: plantea que Silicon Valley tiene una deuda con el Estado estadounidense y que debe saldarla participando activamente en defensa, seguridad y hard power. La tecnología deja de aparecer como neutral y se asume como instrumento explícito de poder. 
  • La IA ya no se discute en abstracto: se militariza. Palantir sostiene que las armas de IA son inevitables y que el verdadero debate no es si existirán, sino quién las construirá. En ese marco, la IA pasa de promesa económica a infraestructura estratégica, con impacto directo en guerra, vigilancia y disuasión. 
  • El riesgo no es solo tecnológico, sino político. Cuando una empresa que vende software a gobiernos y ejércitos declara abiertamente qué orden político quiere ayudar a construir, la pregunta ya no es solo qué hace su tecnología, sino qué ideología trae incorporada. El caso incomoda porque expone con honestidad brutal la nueva alianza entre big tech, Estado y poder duro.

¿Qué pasó? 

El 18 de abril, la cuenta oficial de Palantir Technologies en X publicó un hilo de poco más de mil palabras titulado ‘The Technological Republic, in brief’. El texto es un resumen de 22 puntos del libro escrito por el CEO de la empresa, Alex Karp, y el jefe de asuntos corporativos Nicholas Zamiska. La empresa lo presentó como respuesta a la pregunta que dicen recibir con frecuencia: qué piensan, qué defienden, qué proponen. 

¿Qué dice el manifiesto? En síntesis, sostiene que Silicon Valley tiene una deuda moral con el Estado que hizo posible su ascenso, que esa deuda se paga participando en la defensa nacional, que las armas de inteligencia artificial son inevitables y que más vale que las construyan los occidentales antes que sus adversarios, y que el pluralismo irrestricto y la cultura de la corrección política son formas de debilidad civilizatoria. El hard power, argumentan, ya no se construye con ejércitos convencionales: se construye con software. 

Palantir no es una empresa tecnológica en el sentido de Meta o Google. Es una empresa de análisis de datos masivos y software de inteligencia artificial que trabaja, casi exclusivamente, para gobiernos y fuerzas armadas, aunque el negocio comercial viene creciendo más rápido que el gubernamental (Tyson Foods, Tampa General Hospitals, Foundry). El Pentágono, el Departamento de Seguridad Nacional, el ICE, la CIA, el ejército israelí y varias agencias europeas figuran entre sus clientes documentados. Su plataforma Gotham procesa datos de inteligencia para operaciones antiterroristas; su plataforma Maven, desplegada en Ucrania, ayuda a coordinar operaciones militares en tiempo real. Cuando Palantir habla de «hard power construido sobre software», está describiendo su modelo de negocio.

Detrás de la empresa está la figura de Peter Thiel, cofundador junto a Karp y uno de los ideólogos más influyentes de lo que hoy se conoce como la derecha tecnológica de Silicon Valley. Thiel es un pensador con una cosmovisión elaborada, y no le importa que incomode. En una entrevista con Ross Douthat en el New York Times, Thiel dudó cuando le preguntaron si prefería que la raza humana sobreviviera tal como es. Esa vacilación fue deliberada: Thiel es un transhumanista que cree que la humanidad está estancada desde los años setenta y que la tecnología es el único camino hacia algo más grande, hacia la inmortalidad, hacia la trascendencia. Los que se oponen a ese avance, los que frenan el progreso en nombre de la seguridad o la precaución, son para él una versión funcional del Anticristo. 

¿Por qué importa? 

 El retorno del nacionalismo tecnológíco. El texto sostiene que Silicon Valley le debe algo a Estados Unidos y que esa deuda se salda participando en su defensa. Además, llama a reconsiderar el modelo de fuerzas armadas voluntarias y plantea que el servicio nacional debería ser un deber universal: en la próxima guerra, todos deben compartir el riesgo. También afirma que el desarme de posguerra de Alemania y Japón fue un error que hoy Europa está pagando caro. Se trata de un llamado explícito al rearme occidental liderado por tecnología estadounidense. Y Palantir, como proveedor de software de defensa para la OTAN y sus aliados, tiene mucho que ganar si ese proceso se acelera.

 La IA como nuevo paradigma de disuasión nuclear. El manifiesto declara que «la era atómica está terminando»y que una nueva era de disuasión, basada en inteligencia artificial, está por comenzar. El punto 5 es quizás el más crudo de todos: la pregunta no es si se van a construir armas de IA, sino quién las construye y con qué propósito. El argumento es el mismo que se usó para justificar la carrera armamentista nuclear: si no las hacemos nosotros, las hacen ellos. Anthropic, que se presenta como la empresa de IA «más responsable» del sector, firmó en 2025 un contrato de 200 millones de dólares con el Departamento de Defensa. Sam Altman habla de una era de prosperidad inimaginable mientras OpenAI avanza hacia aplicaciones militares. La diferencia entre Palantir y el resto es que Palantir lo dice en voz alta y sin eufemismos.

• Democracia sí, pero con hard power y menos pluralismo.La idea de democracia de forma casi accesoria. Lo que sí desarrolla con detalle es todo lo que, en su visión, la debilita: el pluralismo vacío, la corrección política, la «psicologización de la política», el escrutinio excesivo sobre la vida privada de los funcionarios públicos y, sobre todo, la ilusión de que los valores occidentales pueden defenderse con retórica. El punto 21 es directo: algunas culturas produjeron avances vitales; otras permanecen disfuncionales y regresivas. En paralelo, el texto pide más tolerancia religiosa en los espacios públicos, mayor protección a los funcionarios de las críticas mediáticas, y que Silicon Valley tome la iniciativa en el combate al crimen violento.

¿Cómo impacta? 

• A nivel globalel manifiesto de Palantir llega en medio de una semana en que se discutió masivamente si el modelo Mythos de Anthropic era demasiado peligroso para ser lanzado al público, y mientras los CEOs de las principales empresas de IA compiten por ver quién tiene la visión más grandilocuente del futuro. Dario Amodei escribió en enero de 2026 que la humanidad está a punto de recibir un poder casi inimaginable y que no está claro si nuestros sistemas políticos tienen la madurez para manejarlo. Sam Altman prevé agentes de IA incorporados a la fuerza laboral este año. Jensen Huang habla de la mayor construcción de infraestructura en la historia humana. Lo que diferencia a Palantir es que convierte esa retórica en política exterior concreta: sus plataformas ya operan en el conflicto en Ucrania, en las operaciones de inteligencia de varios aliados de la OTAN, en el ejército israelí y en las agencias de control migratorio de Estados Unidos.

• En Estados Unidos, por un lado, profundiza el debate sobre el rol de las empresas techen la defensa nacional y en las políticas migratorias: Palantir es el proveedor de software del ICE, la agencia que gestiona las deportaciones masivas bajo la administración Trump. Por otro lado, la publicación del documento en un momento de mayor exposición pública de la empresa genera una pregunta incómoda para el mercado: ¿una empresa que declara abiertamente su agenda ideológica puede mantener contratos con gobiernos que no comparten esa agenda? Las acciones de Palantir cayeron tras la publicación. El filósofo Mark Coeckelbergh, de la Universidad de Viena, lo llamó directamente «tecnofascismo». Eliot Higgins, fundador de Bellingcat, señaló que el texto no es abstracción filosófica sino la declaración de principios de una empresa cuyos ingresos dependen de la política que está promoviendo.

• En América Latina y en Argentina, la presencia documentada de Palantir en la región es todavía limitada, concentrada principalmente en Brasil, donde colabora con organismos de salud pública. Pero la visita de Peter Thiel a la Argentina en estas semanas cambia el encuadre regional. Thiel había visitado ya el país en 2024, donde se habría reunido con Javier Milei y Santiago Caputo. Hoy, según reportes de Infobae estaría analizando inversiones inmobiliarias millonarias en Buenos Aires y la Patagonia.

¿Cómo sigue? 

  • El manifiesto llega en un momento en que la regulación de la IA avanza lentamente y de forma fragmentada. Europa tiene la AI Act, pero las empresas con sede en Estados Unidos tienen escasos incentivos para cumplirla si el gobierno federal va en la dirección opuesta. Regular las armas de IA plantea el mismo dilema que reguló las armas nucleares: nadie quiere ser el primero en limitarse si el adversario no lo hace. La lógica del manifiesto cierra el debate antes de que empiece.

Nuestra mirada en ÓRBITA:

El manifiesto de Palantir importa menos por lo que revela sobre una empresa y más por lo que confirma sobre una época. Durante años, Silicon Valley se presentó como una fuerza casi neutral: innovadora, disruptiva, orientada al progreso, supuestamente ajena a las viejas disputas ideológicas del poder. The Technological Republic rompe con esa ficción. Karp y Nicholas Zamiska dicen, en esencia, que el ecosistema tecnológico estadounidense no solo fue posible gracias al capitalismo y al libre mercado, sino también gracias a un Estado fuerte, a la inversión pública y a la arquitectura estratégica de la democracia liberal que lo incubó. Y si ese fue el origen, sostienen, entonces la gran misión de la industria no puede ser apenas producir mejores teléfonos o apps más adictivas, sino poner su capacidad técnica al servicio de la defensa, la seguridad y la supervivencia de la civilización que hizo posible su ascenso.

El problema es que esa deuda con Occidente viene acompañada de una idea cada vez más estrecha de qué vale la pena preservar de Occidente. En nombre de la eficiencia, del orden y de la competencia geopolítica, esta nueva alianza entre big tech y Estado promete resolverlo todo: achicar burocracias, optimizar gobiernos, neutralizar amenazas, reforzar fronteras y garantizar la primacía occidental en la carrera tecnológica. Pero en esa promesa aparece también una sospecha más profunda, muy presente en figuras como Peter Thiel y en el clima intelectual que rodea a esta derecha tecnológica: que la democracia liberal, con sus frenos, sus discusiones, su pluralismo y su lentitud, se volvió un obstáculo para la acción.

Si una empresa que vende software a gobiernos, fuerzas armadas y agencias de inteligencia declara abiertamente qué orden político quiere ayudar a construir, entonces los Estados que compran esa tecnología tienen que preguntarse si comparten esa visión o si están empezando a convertirse en vehículos de ella. En este sentido, el texto incomoda no porque sea delirante, sino porque es brutalmente honesto: dice en voz alta lo que buena parte de Silicon Valley todavía insinúa en voz baja. Y deja planteado un interrogante que varios aliados de Estados Unidos, más temprano que tarde, van a tener que responder: cuando tercerizan capacidades estratégicas en estas empresas, ¿están comprando herramientas o están importando una ideología? 

el texto incomoda no porque sea delirante, sino porque es brutalmente honesto: dice en voz alta lo que buena parte de Silicon Valley todavía insinúa en voz baja

China como rival principal también funciona como argumento. DeepSeek mostró a comienzos de 2025 que el monopolio tecnológico de Estados Unidos en inteligencia artificial tiene grietas. Que un modelo chino, desarrollado con una fracción de los recursos de sus competidores occidentales, haya provocado semejante sacudón en los mercados no solo alteró la conversación sobre innovación, reforzó la idea de que la carrera está abierta y que nadie puede darse el lujo de frenar. Del lado chino, además, el desarrollo de capacidades militares basadas en IA sigue siendo en buena medida opaco. Y esa opacidad es precisamente el combustible discursivo que empresas como Palantir necesitan para justificar la aceleración permanente: si no sabemos del todo qué está construyendo el rival, entonces la urgencia deja de tener límite.

Finalmente, en Argentina, esta lógica encuentra un terreno receptivo. El vínculo entre Milei y Thiel no parece responder sólo a una coincidencia coyuntural, sino a una afinidad ideológica más profunda entre el ideario libertario local y la visión tech-conservadora que Thiel encarna. Una Argentina que desregula de forma agresiva, que busca achicar el Estado y que intenta seducir capitales del ecosistema de Silicon Valley es, en principio, un destino atractivo para esa red de intereses. El respaldo (retórico y financiero) que Thiel esté dispuesto a prestar al gobierno de Milei marcará en qué medida se trata también de un aliado que vale la pena defender para proyectar su visión del mundo. 

Posts relacionados

LEÓN XIV FT. ANTHROPIC
El nuevo líder religioso del catolicismo retoma una senda trazada por su homónimo hace más de un siglo.
Previous
Next

Apoyá a Órbita

Órbita depende de vos.
Ayudanos a sostenerlo.

Nuestra fuente de ingresos más importante es el aporte de nuestra audiencia. Eso nos permite hacer periodismo sin condicionamientos.

Donación mensual

La mejor forma de ayudar

Desde $1.000 por mes Cancelás cuando quieras
o con un aporte único
Elegir otro monto