Después de años de aislamiento por la invasión a Ucrania, Rusia empieza a volver de a poco al deporte internacional. Primero fueron atletas individuales bajo bandera neutral; ahora algunas federaciones ya habilitan competir con bandera e himno, y la presión llegó también al curling. El dilema es incómodo: ¿tienen que pagar los deportistas por las decisiones de su gobierno? Para muchos atletas rusos, la sanción implica cargar con una guerra que no decidieron. Pero para Ucrania, readmitir a Rusia sin cambios reales en el frente militar también manda un mensaje: normaliza al agresor y debilita el costo político de la invasión. En Órbita venimos siguiendo hace tiempo este cruce entre deporte y geopolítica, desde el sportswashing hasta los Juegos Olímpicos como vidriera de poder. El deporte no termina guerras, pero sí construye relato.








