Ali Moshiri, ex ejecutivo de Chevron e informante de la CIA, fue pieza clave en el diseño del escenario post-Maduro. Este ingeniero iraní-americano que construyó una relación personal con Hugo Chávez advirtió a la agencia que instalar a María Corina Machado sería “otro Irak”: no controlaba los servicios de seguridad ni la infraestructura petrolera. Su recomendación fue Delcy Rodríguez. Esa evaluación terminó en un informe secreto presentado a Trump, quien horas después de la captura de Maduro dijo públicamente que Machado no tenía “el apoyo ni el respeto” dentro del país. Tres datos clave: la CIA reconstruyó su presencia en Venezuela desde cero, habiendo perdido su estación cuando la embajada cerró en 2019; Chevron es la única empresa estadounidense posicionada para aumentar producción hasta un 50% en los próximos 18 meses; y Moshiri cerró un círculo perfecto: ahora recauda US $3.000 millones para proyectos petroleros venezolanos y asesora a la nueva conducción de PDVSA, convirtiendo décadas de apuestas arriesgadas en una posición privilegiada en el nuevo orden venezolano.








