OPERACIÓN FURIA ÉPICA

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OPERACIÓN FURIA ÉPICA

¿Muerto el Ayatolá, viva el Ayatolá?
  • Decapitación del régimen iraní. EE.UU. e Israel eliminaron al Líder Supremo y al núcleo duro del poder iraní en la mayor operación militar en la región desde 2003. Irán respondió con ataques regionalizados y activó una conducción transitoria mientras define sucesión.
  • Cambio de umbral estratégico. La muerte de un jefe de Estado soberano marca un punto de no retorno: se cruzó el límite más extremo de confrontación interestatal. 
  • Shock energético y reordenamiento regional. La parálisis del Estrecho de Ormuz tensiona el mercado petrolero y amenaza con impacto inflacionario global. En Medio Oriente, aliados de EE.UU. ven debilitado al eje iraní, pero el vacío puede derivar en mayor inestabilidad o escaladas asimétricas.

¿Qué pasó? 

El sábado, Estados Unidos e Israel lanzaron la Operación “Furia Épica”, una campaña coordinada contra el liderazgo, el mando militar y los centros nucleares iraníes,precedida por el mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003. Los ataques llegaron tras el colapso de negociaciones nucleares en Ginebra y apuntaron al corazón del régimen: murieron el Líder Supremo Alí Jamenei, su hijo, el jefe de gabinete, el ministro de Defensa, el comandante de la Guardia Revolucionaria y el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, entre otros altos funcionarios.

La respuesta iraní fue inmediata y regionalizada: misiles y drones contra Israel y contra bases estadounidenses en Baréin, Kuwait y Qatar, con explosiones reportadas también en Dubai y Abu Dabi. Miles de vuelos fueron cancelados en todo el mundo y aeropuertos cerrados desde Beirut hasta Doha, mientras la tensión sobre infraestructura civil y rutas de navegación en el Golfo escala por horas.

En paralelo, Teherán activó un consejo de conducción transitoria integrado por el presidente Pezeshkian, el jefe judicial Mohseni-Eje’i y el ayatolá Arafi para administrar el Estado mientras la Asamblea de Expertos, un cuerpo de 88 clérigos, delibera para elegir al próximo Líder Supremo. No hay un sucesor claro, suenan el nombre del general Alí Larijani, quien ya tomó la palabra públicamente jurando venganza, y el de Mojtaba, hijo de Jamenei, aunque el propio ayatolá había dicho que no quería que el cargo fuera hereditario.

¿Por qué importa? 

Un antes y un después. A lo largo de la historia, asesinar al líder de un estado soberano fue siempre el acto más extremo que un país podía cometer contra otro. Le pasó a Patrice Lumumba en el Congo, eliminado por los servicios secretos belgas con ayuda de la CIA en 1961; a Hafizullah Amin en Afganistán, asesinado por las fuerzas especiales soviéticas en su propio palacio en 1979. En ambos casos, lo que vino después fue caos, vacío de poder y décadas de inestabilidad. Pero ninguno de esos países tenía el peso geopolítico, el arsenal de misiles, ni la red de milicias que tiene IránLo que viene ahora es territorio desconocido: cadenas de mando rotas, milicias sin órdenes claras, una población humillada y una región entera conteniendo la respiración. El conflicto ya cruzó un umbral del que no hay retorno.

Cambio de régimen o status quo.Trump no se limitó a justificar los ataques por el expediente nuclear; en un video publicado horas después, se dirigió directamente al pueblo iraní para pedirles que se levanten contra su gobierno, «Cuando terminemos, tomen el control de su gobierno. Esta será, probablemente, su única oportunidad en generaciones«, dijo. En las calles de Teherán hubo tanto celebraciones por la muerte de Jamenei como manifestaciones de duelo. 

Futuro de Medio Oriente. Para los enemigos históricos de Irán, los ataques son, al menos en el corto plazo, una noticia extraordinaria. Israel eliminó al hombre que financió a Hamas, Hezbollah, los Houthis y las milicias iraquíes durante décadas; Arabia Saudita y los Emiratos, que en los últimos años habían apostado a la normalización con Teherán, ven desaparecer a su principal amenaza regional. Con el eje de resistencia iraní sin un centro de comando claro, países como Jordania, Egipto y los estados del Golfo tienen ante sí un Medio Oriente potencialmente más manejable, aunque también más imprevisible.

¿Cómo impacta? 

A nivel global. El conflicto ya tiene consecuencias globales concretas: el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, unos 20 millones de barriles diarios, está prácticamente paralizado tras las advertencias de la Guardia Revolucionaria a los buques en la zona, varias compañías petroleras y firmas de trading ya pausaron sus envíos, y Barclays advirtió que el Brent podría llegar a los 100 dólares el barril el lunes al abrir los mercados. Analistas de Eurasia Group fueron más lejos: un cierre prolongado del estrecho sería tres veces más grave que el embargo petrolero árabe de los años 70, con consecuencias inflacionarias inmediatas para China, India, Japón y Corea del Sur, que juntos consumen el 70% del crudo que pasa por ahí. 

En América Latina.La región reaccionó dividida. Petro fue el más contundente, calificando los ataques de «ilegales», denunció que un misil alcanzó una escuela matando a decenas de niñas, y llamó a crear un frente mundial contra la guerra. Lula también rechazó la operación y exigió una salida negociada. En el plano económico, el salto en el precio del petróleo beneficia a exportadores como Venezuela, Ecuador y Brasil, pero encarece la energía para importadores netos como Chile, Uruguay y Centroamérica, en un momento de fragilidad fiscal en varios países de la región.

En Argentina. El gobierno de Milei fue uno de los primeros en respaldar los ataques, celebrando la operación y calificando a Jamenei como una de las personas más violentas de la historia. El canciller Quirno lo conectó directamente con la causa AMIA: la Justicia argentina determinó que el atentado del 18 de julio de 1994, con 85 muertos, fue planificado desde las más altas esferas del régimen iraní, y el propio Jamenei figura como imputado. Entre los nuevos nombres que emergieron en la reconfiguración del mando iraní aparece el general Ahmad Vahidi, también acusado por la Justicia argentina por el mismo atentado y con notificación roja de Interpol vigente.

¿Cómo sigue? 

Escenario 1, desescalada negociada. Trump declara victoria por la muerte de Jamenei, frena los ataques y vuelve a la lógica de acuerdo nuclear. Irán, con el régimen en crisis y la economía ya en colapso antes de los ataques, acepta negociar bajo el nuevo liderazgo para detener el sangrado. El modelo más cercano sería lo que ocurrió en Venezuela tras la captura de Maduro: un régimen que se desmorona en lo simbólico pero que negocia una salida que preserva parte de su estructura de poder, con Estados Unidos obteniendo concesiones concretas a cambio de no empujar hasta el final.

Escenario 2, guerra asimétrica prolongada. Irán no colapsa, el nuevo liderazgo decide que la única forma de sobrevivir es responder con todo, y el conflicto se extiende por semanas o meses a través de sus proxies en Líbano, Iraq, Yemen y Siria, ataques a bases estadounidenses en el Golfo, y posibles operaciones terroristas en el exterior. Es el escenario que más temen los aliados árabes de Estados Unidos, y el que más se parece a lo que ocurrió en Irak y Afganistán después de 2003.

Escenario 3, colapso del régimen. La combinación de ataques externos, crisis económica preexistente y protestas internas termina por derrumbar a la República Islámica desde adentro, tal como Trump pidió públicamente al pueblo iraní. Es el escenario más transformador y también el más impredecible: nadie sabe qué viene después, si un gobierno de transición pro-occidental, una guerra civil entre facciones, o un vacío de poder que convierta a Irán en el próximo Estado fallido de Medio Oriente.

Nuestra mirada en ÓRBITA:

La apuesta de Trump fue, en el fondo, una apuesta contra la historia. Cada vez que Estados Unidos intentó el cambio de régimen desde el aire, el resultado fue caos: Irak en 2003, Libia en 2011, Afganistán en dos décadas. Irán no es ninguno de esos países. Su constitución tiene un artículo, el 111, que prevé exactamente este escenario: un consejo transitorio toma el poder de forma inmediata. Cuando murió el presidente Raisi en 2024, el sistema procesó el vacío en menos de 50 días. La muerte de Jamenei es un shock mayor, pero el manual existe y ya está en marcha.

El problema con las guerras de cambio de régimen no es cómo empiezan sino cómo terminan. Putin creyó que tomaría Kiev en una semana. Israel creyó que liquidaría a Hamas en meses. Trump lanzó esta operación sin explicar al pueblo americano cuál es el objetivo concreto. Sólo el 17% de los estadounidenses apoyaba el cambio de régimen en Irán antes de los ataques. En un día, Trump se convirtió en lo que siempre dijo que nunca sería.

El tercer efecto es sobre el orden global, no solo sobre Irán. Durante décadas, la disuasión personalista fue el núcleo de varios regímenes hostiles a Occidente: la lógica era que atacar al líder era cruzar una línea que ninguna potencia se atrevía a traspasar. Esa línea ya no existe. Kim Jong-un en Corea del Norte, Xi Jinping mirando Taiwán, cualquier régimen que hoy dependa de un liderazgo centralizado está sacando sus propias conclusiones de lo que pasó este fin de semana. 

Lo que nadie puede predecir es si el martirio de Jamenei unirá al régimen o lo quebrará. Un reporte del propio CIA señaló en su momento que el martirio es «un conductor pasional» en la cultura iraní, y que la imagen del Imam Hussein sigue siendo el símbolo central de la Guardia Revolucionaria. El régimen que parecía a punto de expirar por su propia impopularidad puede encontrar en esta guerra exactamente el combustible que necesitaba para sobrevivir.

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