La producción de gas de Bolivia cayó de casi 60 millones de metros cúbicos diarios en 2014 a poco más de 20 en la actualidad, mientras la demanda doméstica se mantuvo relativamente estable. El gráfico muestra cómo el país pasó de ser un gran exportador regional a acercarse rápidamente a un escenario donde el consumo interno absorbe casi toda la producción. Ese deterioro golpea el corazón del modelo boliviano: menos gas implica menos divisas, menos ingresos fiscales y más dependencia de combustibles importados. En un país atravesado por bloqueos, ajuste y disputa política, la crisis energética ya no es solo económica, también erosiona la capacidad del Estado para sostener orden y gobernabilidad.







